Existe una gran confusión a la hora de hablar de dramaturgia y dramaturgos, sobre todo porque cada país (y probablemente cada escuela) utiliza estos conceptos de una forma parcialmente diferente. La confusión deriva no tanto de la distancia de los sentidos empleados en uno u otro lugar, sino porque en un mismo lugar los sentidos fluctúan hasta borrarse los límites precisos de su significado. Los mismos teóricos contribuyen, a menudo, el baile de la confusión tratando de afinar demasiado (lo que no siempre es clarificador) el significado de cada palabra. 

En todo caso, lo que es obvio es que los conceptos de dramaturgia y dramaturgo abarcan un ámbito muy extenso de actividades interrelacionadas, pero que con frecuencia incumben a profesionales situados en lugares muy alejados, y con tareas notablemente diferenciadas, en la estructura real de la producción escénica. 

Así, las palabras dramaturgia y dramaturgo pueden hacer referencia a la escritura del texto dramático, pero tienen, en general, un sentido más amplio. Por ejemplo, ambos términos se usan también cuando se habla de las dramaturgias no textuales, que continúan refiriéndose al proceso de creación tanto si al final hay un texto propiamente dicho –es decir, con escenas, diálogos, acotaciones...– como si no. La dramaturgia se utiliza también para referirse a los procesos de trabajo de mesa –es decir, procesos de análisis, reflexión y creación en torno al texto o el espectáculo– en los que participan el director, el dramaturgo (sea o no sea autor), el equipo de dirección (escenógrafos, iluminadores, diseñadores de vestuario, músico...), los actores, los técnicos, los productores... antes de o durante los ensayos. 

Así es más o menos como vemos la dramaturgia y los dramaturgos en nuestro ámbito profesional (Barcelona y Cataluña en general). Pero en otros países los dos conceptos pueden tener incluso sentidos más amplios. En Gran Bretaña, el concepto de dramaturgo –sin apartarse de su relación con el texto dramático– tiene un sentido más cercano al de director artístico o programador de un teatro, por lo que, habitualmente, el dramaturgo adscrito a un teatro determinado se ocupa, fundamentalmente, de la selección de los textos y de la coherencia de la temporada. Evidentemente se ocupa de una reflexión conceptual y escénica, aunque en esta ocasión la tarea del dramaturgo supera el marco de una sola obra, porque el objetivo es el de enlazar una serie de obras y de escenificaciones en un único discurso coherente. Con todo, en los teatros ingleses el concepto de dramaturgo resulta tan impreciso como aquí. 

De Alemania, que es donde se ha desarrollado históricamente el término de dramaturgo, parece que debería llegar una definición más precisa y sistemática. Curiosamente, el dramaturgo –no el autor teatral, sino la figura que toma este nombre y está adscrita al proceso de creación como responsable de profundizar en la reflexión escénica– es percibido a menudo como una figura siniestra, temida e incluso odiada (especialmente por el director), que practica una especie de control ideológico, intelectual y estético sobre el espectáculo. Se ocupa, en mayor o menor grado, de proveer materiales conceptuales para el director, para el equipo de dirección, para los actores, e incluso para el público (en forma de programa de mano, a menudo grueso, con textos , imágenes, explicaciones más o menos eruditas, informaciones útiles como datos biográficos, documentos originales, textos literarios, poéticos, citas filosóficas, mapas y planos, fotografías, etc.). Cuando participa en la revisión del texto, actúa como una especie de manipulador de materiales ajenos (no es necesario que nos asustemos ni escandalicemos, porque eso ya lo hicieron, con mucho acierto, Shakespeare o Brecht, por ejemplo). De la misma forma que en Gran Bretaña, el dramaturgo alemán contribuye a la programación del teatro como asesor del director artístico. 

Quizás deberíamos, pues, ponernos de acuerdo aquí sobre el significado de estos conceptos, empezando por el de dramaturgia porque, en el fondo, haya o no dramaturgo, todo espectáculo es siempre e indefectiblemente, resultado de una dramaturgia. 

Pablo Ley 
03/13/2020 

Share by: