Eolia, un horizonte de posibilidades

Entrevista a 

Josep Galindo  

(a cargo de Pablo Ley)

Josep Galindo es el director de la Escuela Eolia. Su trayectoria combina la dirección, la dramaturgia y la pedagogía teatral. Entre los montajes que ha dirigido destacan piezas de gran formato como Homage to Catalonia (a partir de la obra de George Orwell), o Don Quixote (a partir de la obra de Cervantes, ambas estrenadas en el West Yorkshire Playhouse de Leeds y posteriormente en Barcelona y Madrid), junto a piezas casi de cámara como, entre otras, La maternidad de Elna (estrenada en 2008 y que se ha ido reponiendo prácticamente cada año a lo largo de toda una década). Con motivo de la inauguración de la revista online Ítaca, hablamos con Josep Galindo sobre la escuela Eolia y su crecimiento.

¿Qué es Eolia? 

Esencialmente, una escuela de teatro. Nació hace veinte años en un pequeños piso en la Calle Méndez Núñez como escuela para actores-cantantes y en 2004 se trasladó a la calle Casp, donde hemos ido creciendo y creciendo, también en espacios, hasta convertirnos en lo que somos, un auténtico conglomerado de ideas y posibilidades. Realmente lo que ahora mismo es Eolia resulta difícil de explicar en pocas palabras. Yo invito a quien quiera conocer qué es Eolia a que haga un recorrido por su web. Hay un apartado donde pone equipo docente y es lo que realmente somos: más de cien profesores divididos en todas las áreas que abordamos: interpretación, canto, dramaturgia, dirección, cuerpo... 

¿Qué es lo que ha cambiado a lo largo de estos veinte años? 

Todo. Han cambiado muchísimas cosas. Yo diría que lo que más ha cambiado es la mirada de la escuela, que se ha abierto –a las nuevas ideas, al mundo–, y que nos permite alcanzar nuevos objetivos y, por tanto, más cambios. Hace diez años, todo lo que ahora es Eolia era, simplemente, una utopía. 

Ya he hablado del equipo, que se ha ampliado y se ha consolidado. Eolia, por sí misma, se ha convertido en un polo de atracción, no sólo de alumnos y profesores, también de proyectos, de compañías, de ideas. Ofrecemos becas y espacios de creación. Hemos podido empezar a producir espectáculos... Y todo lo que hay detrás es sólo una escuela. 

También hemos establecido vínculos internacionales, con escuelas en Londres y Chicago, gracias a nuestra línea de interpretación en inglés. Pero también está viniendo gente de Inglaterra y de EEUU para estudiar con nosotros. El futuro pasa sin duda por la internacionalización, que tiene que crecer mucho más. Y en este sentido Barcelona es clave, Barcelona y su mirada sobre el arte, una sensación de libertad que atrae muchísimo. Porque todo son oportunidades para crecer.

Bueno, es lo que somos, una escuela, y unas ideas... o, más exactamente, un ideal que, de alguna manera, nos une a todos. Por eso estoy aquí... quiero decir que, si no hubiera un ideal detrás, seguramente yo no querría estar.

¿Se puede trazar una línea de objetivos a medio plazo? 

Tal como lo veo, hay un objetivo que para mí es muy importante, que es el de extender y difundir nuestra profesión. Mejorar, ampliar, hacer crecer la percepción que la gente de la calle tiene del teatro. El teatro forma parte de la cultura, una cultura viva, que piensa el mundo en el que vivimos. Está junto a otras formas de cultura y todas son importantes. Una sociedad sin una clara vocación cultural es una sociedad que no evoluciona, que es incapaz de resolver los conflictos, que es incapaz de imaginar el futuro. 

En este sentido es evidente que hacemos un servicio. Y es por eso por lo que pienso que es tan importante poder ofrecer un estudios de grado universitario. Empiezan a ser numerosos los alumnos que han salido de aquí y están trabajando –actores, directores, dramaturgos–, gente que está poniendo a prueba sus ideas, que está creando compañías, que estrena obras, que gana premios. Están empezando a dialogar con el mundo, a ponerlo en cuestión. Son cosas que me parecen maravillosas.

¿Cuáles son las premisas para pensar el mundo desde el teatro? 

Es difícil de resumir, porque esto es justamente lo que se despliega en todo el plan de estudios desde la Formación Libre a la Escuela Superior . Una cosa son los procesos técnicos de la dramaturgia, la dirección y la interpretación, otra las estructuras emocionales y energética que las tres disciplinas comparten, cada una desde su punto de vista, y otra el rigor intelectual que debe sostener cualquier proyecto. Sin todo esto no hay posibilidad de pensar y expresar escénicamente lo que es importante para la sociedad.

Pero también hay que diferenciar entre procesos y resultados. Si no estuviéramos abiertos a resultados diversos la libertad creativa sería falsa. Ofrecemos unas herramientas que permitan desarrollar la propia libertad creativa. Es un oficio duro y pienso que la mejor manera de hacer esta travesía del desierto es hacer el camino con una identidad creativa fuerte. La herramienta más potente es la propia identidad creativa.

Y esto pasa, necesariamente, para desarrollar las herramientas intelectuales.

Es algo que parece obvio cuando abordamos la dramaturgia y la dirección. Son disciplinas que, aparte de los recursos técnicos, se basan explícitamente en el conocimiento. Del mundo, de la historia, de la cultura, de la política, todo. El conocimiento alimenta la creatividad.

Pero esto ya no es tan obvio cuando abordamos la interpretación. Un actor viene con la idea de la importancia de la práctica actoral, y a menudo no es consciente de que el desarrollo intelectual nutre y da contenido a los procesos de la intuición. El actor que trabaja desde la vertiente intuitiva puede llegar a pensar que no importa, pero lo que hace el conocimiento es alimentar esta intuición. Cuando más preparado estás intelectualmente, más rápida e intensa es tu intuición. Si no alimentas la intuición, la interpretación acabará siendo delgada, sin contenido, sin fondo. 

Uno de los rasgos diferenciales de Eolia es el concepto de energía.

Sí. Es uno de los pilares fundamentales del aprendizaje que puede absorber una persona que venga aquí a formarse. Es tan difícil de hablar de la energía como fácil detectarla en el escenario. Es el elemento que lo cohesiona todo, que permite detectar una estructura casi musical que une todos los elementos dispersos en un todo coherente. Si no sabes leer la energía en escena es muy difícil dirigir. No se puede dominar el teatro sin la energía. 

Pero el conocimiento profundo de la energía es un elemento que aparece reiteradamente en las diferentes ramas de la escuela a lo largo del currículo de asignaturas de cada curso. Hay materias concretas que permiten canalizar el material emocional y energético tanto por parte de los actores como por parte de los directores y dramaturgos. Y, por ejemplo, nos gusta tan Shakespeare porque nos permite trabajar la energía desde todos los puntos de vista. Shakespeare es una fuente infinita, inagotable de energía. Pero lo que es importante es que la energía puede tomar mil formas. Entenderla es abrirse a un universo de posibilidades.

Por qué la revista Ítaca? 

Es un paso más. Es la materialización del pensamiento. No sólo del pensamiento práctico –que es el propio del teatro– sino del pensamiento que se abre a todos los caminos posibles del universo creativo. Es abrir una vía a la divulgación, la pedagogía, la investigación. ¿Qué pueden aportar las artes escénicas a la sociedad? Debemos conectarnos con otros ámbitos de la cultura, del pensamiento. Está todo por hacer. De momento Ítaca es sólo una idea, un horizonte. Pero tengo la sensación de que descubriremos muchas cosas que todavía no sabemos gracias a la revista.
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